Poemas de Raquel Velasquez --

 

 

La primera vez…

 

 

La primera vez

que te tuve entre mis manos

ni siquiera podía sostenerte

                                          con firmeza.

Te hacía danzar frenéticamente

en hojas recicladas, como presagio

de sentimientos acumulados

cuyo destino tienen  el mismo fin.

 

Llevado por mi mano infantil

                                    corres indomable

en una blanca pradera

                                 donde tus trazos

pueden convertirse en todo:

           espirales, nubes, átomos de locura,

metáforas sin germinar,  amorfas,

pequeños monstruos

                           agazapados entre sombras.

 

Potro indomable de grafito

irrigas adrenalina por mis venas.

Y en la lucha

         fuiste tu quien me domesticó,

                                       terminé exhausta

pero pude al fin

sostenerte entre mis dedos

y pulsar el primer trazo

tal como emergía en mi pensamiento.

 

Un signo de agua transparente

                           para aplacar la sed,

el ansia dolorosa

de quien persigue una ruta invisible.

 

Antes de pulsar una letra

                              aprendí el secreto:

podías volver sobre tus pasos,

borrar las huellas de la playa

                         y al subir la marea

                               irte con el agua

                              como si no hubieras

                                     transitado por la arena.

 

Podía escribir

pero también desescribir

                      dando la espalda,  mirar hacia atrás,

observando la trayectoria peligrosa,

dibujar una caja

como la que el Principito quería

una simple caja con el dibujo

                                               adentro:

un borrego, una estrella, una gota de mar.

 

Que si es peligrosa la imaginación

                                              díganmelo :

porque ni en mis mas terribles pesadillas

me soñé como escritora.

 

Desde entonces lápiz y goma

compañeros inseparables, 

se acoplan, se disgregan,

ó se atraen como dos imanes,

construyendo mundos paralelos

en territorios donde el corazón

tiene izada la bandera de su conquista.

 

Lápiz que traza la espera

ó la incertidumbre en las primeras cartas.

Si supiera mis amantes

cuantas noches te blandí suavemente,

para escribir sobre tu piel límpida

                                        otras sangrante

                                                y herida ya por el desgaste,

como goce la ingenua estrategia

aunque fui yo quien varias veces

recibiera las estocadas.

¿Cuántas noches el desvelo

                  dictó las palabras mojadas

                   en el papel blanco? primero un eco…

y tú como el escribano risueño que eres

soportaste mis delirios,

apasionado del oficio,

me brindaste comprensión y lealtad

en los arrojos más difíciles.

 

En viejos cuadernos

dejaste tus huellas indelebles

que no he querido destruir.

 Los trazos del lápiz

 son tatuajes en la memoria

  reescribiéndose sin arrepentirse

  porque para ese veneno

                                  existe el antídoto: la goma de borrar.

 

*

 

En el sexto año de primaria…

 

 

En el sexto año de primaria

el profesor nos dijo que para escribir

dejaríamos de usar el lápiz,

una maduración forzada,

porque al escribir con tinta

escribiría correctamente

ó no podría borrar,

o sea, arrepentirme de mis errores.

 

La tinta de pluma no es borrable,

ni tampoco los rastros de sangre en el papel

una vez que el corazón  deja gotear su herida

abierta  de par en par

al viento de la noche.

 

 

*

 

Hoja en blanco

 

 

Frente a ti callo

me desnudo y sonrío

esta hora silenciosa es un infierno

hoguera convirtiéndome en cenizas.

 

Me retas a un duelo

te sabes de antemano la vencedora;

no sé transcribir huracanes internos

quizá todo es un asunto

de ensoñación y clarividencia.

 

Irrumpo en ti

tatuando tu rostro blanco,

manchándolo con mi caligrafía

y otras asperezas.

Sí, saboreo,

hilvano retazos de recuerdos,

tiendo el suave lecho

para el corazón y sus designios.

 

Algunas palabras extrañas                                    

caen a la hoja en blanco,

luchan por conservar clandestinamente

                            el lugar común de la tristeza,

lo saben: pocas sobreviven

con su escasa ración de felicidad,

                                         y buscan saciarse

                                              en el hambre del sentimiento.

 

Cavan,

mineras infatigables

en la búsqueda final del sueño,

vicio que invade la piel de la memoria.

Ahora solo quieres descansar

lograr la plenitud del silencio…

 

*

 

Mi casa

 

 

Mi casa

fue una casa de ladrillos  desnudos,

una fortaleza que no permitía

transpirar el amor.

 

Casa que nos vistió de orfandad,

enlutada por las carencias

esperaba ansiosa

el regreso diario de mi madre

para no morirse de frío y de tristeza.

 

Una casa donde el árbol de gardenias

fue testigo de la soledad

y su perfume no fue suficiente

para mitigar el olor

de la infancia marchita.

 

Una casa entre cientos,

desamparada en medio del Valle

como si fuera la única en kilómetros

a la redonda: así de sola se sentía.

Se fue haciendo inhabitable

hasta quedar un puñado de tierra

                                                    en mis entrañas.

Necesito perdonarla

a ella que se atrevió a soñar

con sus altas ventanas tapiadas

                      aún ciega me permitió

                                   dibujar una puerta

                                             donde no la había.

Necesito renacer en ella,

enterrar mi cordón umbilical

                                  en su corazón,

quiero borrar estas cicatrices

surcos áridos en mi carne

                    sepultura de melancolía.

 

Quisiera ver su rostro nuevamente

                                        a la luz de la luna,

                                                sus ojos altos, ciegos,

                                                     tapiados por completo,

ventanas donde no podía escurrir el llanto

y decirle: te presto mis ojos

                            para que puedas llorar.