Acteal o la impunidad como política de Estado




Misa en Acteal, 10 años después

 

El 22 de diciembre de 1997 el Estado mexicano perpetró a través de grupos indígenas priistas previamente armados y entrenados, una de las más despiadadas carnicerías realizadas en los años recientes en contra del pueblo mexicano, en Acteal, municipio de Chenhaló, Chiapas.

Cerca de 90 personas – “Bandas armadas que recibieron entrenamiento militar, putas y pornografía con el apoyo del ayuntamiento constitucional de Chenalhó; como fue repetidamente documentado en meses recientes en las páginas de La Jornada” - incursionaron alrededor del mediodía a la comunidad de Acteal que en esos momentos se encontraba en una jornada de ayuno y oración para pedir por la paz en la región. Del ataque indiscriminado realizado a tan solo 200 metros de un puesto militar y policial resultaron 45 personas muertas (18 mujeres, cinco de ellas con embarazos hasta de 7 meses; 7 hombres; 16 mujeres menores de edad, entre los 8 meses y los 17 años de edad; 4 niños entre los 2 y los 15 años de edad) e hirieron a 26, en su mayoría menores de edad, varios con lesiones permanentes.

El siguiente relato aparecido en la prensa de esos días, expresa la saña de los sicarios: ”Rosa Gómez estaba embarazada cuando cayó moribunda en la explanada del campamento. Sus asesinos llegaron hasta ella para rematarla. Y uno de ellos, ``con un cuchillo --relata un testigo y hace un ademán de puñaladas que inmediatamente reprime con un temblor-, le sacó su niño y lo tiró allá­ nomás''.

La sociedad civil de Las Abejas se había constituido 5 años atrás, en 1992, organizados para defender el derecho de 2 mujeres de la región a recibir la herencia que el hermano quería solo para sí, como es la “costumbre”; el conflicto escaló apareciendo un muerto y 5 presos de manera injusta por lo que la población se agrupó para demandar su libertad. Pero además, aprendieron que de esa manera podían además defender los derechos colectivos de la colectividad en lo que se refiere a la tierra y el territorio, en contra de caciques y políticos.

La rebelión zapatista de 1994 fue recibida con simpatía por las abejas, aunque desde entonces señalaban que no compartían el método de la lucha armada para exigir justicia y libertad, enfatizando que su lucha era pacífica y por medio del rezo, expresando así su apego a la religión lo que por un lado ha sido el producto de la labor de evangelistas, pero por el otro es el canal para seguir ejerciendo creencias propias y antiguas.

Cuando en 1996 se inician las pláticas entre el EZLN y el gobierno en cuya mesa estaban los acuerdos de San Andrés y el proceso de pacificación, las abejas participan activamente en los cordones de seguridad y son el la zona de los Altos, parte importante de la resistencia al lado de los zapatistas.

Al tiempo que se sentaba a la mesa, el gobierno impulsaba una guerra de “baja intensidad” caracterizada por la militarización de la zona de influencia de los zapatistas, pero sobre todo a través de la conformación de grupos en el interior de las comunidades para armarlos, prepararlos y adiestrarlos para atacar a los zapatistas y sus simpatizantes. Esto acompañado de una campaña mediática enfocada en que los ataques, el hostigamiento y los muertos, eran el producto de conflictos “intercomunitarios” y/o religiosos.

En la zona de Chenhaló esta política aparece y se intensifica a finales de 1996 y en todo 1997,  primero por la fundación del municipio autónomo de Polhó, en la región de Chenhaló, y luego tras un conflicto entre zapatistas y priistas por la explotación de unas minas de arena, lo que dio pie a la aparición abierta de esos grupos paramilitares que empezaron a amenazar, violar mujeres y hostigar a las comunidades.

Esto resultó en la huida de miles de indígenas de sus comunidades quienes se desplazaron a lugares donde consideraron que estaban más seguros, hasta 9 mil se calculó entonces. A Acteal llegaron más de 600.

En este marco se produjo el asesinato de las 45 personas. Una de las consecuencias inmediatas fue la renuncia del Secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet y del Gobernador de Chiapas, Julio César Ruiz Ferro, así como por la aprehensión de Jacinto Arias Cruz, presidente municipal de Chenalhó de quien se presumió proporcionó el armamento necesario. Las secuelas sin embargo sólo llegaron hasta ahí. Ningún otro funcionario de más altura como el ex Presidente Zedillo o dirigentes militares fueron investigados.

A la distancia las investigaciones independientes arrojaron que fue una masacre planificada, preparada, incluso anunciada. Se le considera como la puesta en práctica de un ensayo para generalizar esta política en la región, en las zonas de influencia zapatista y en otras partes del país.

De los ejecutores los sobrevivientes los conocen. Fueron denunciados y muchos de ellos, más de 40, encarcelados. Y pese a estar plenamente reconocidos, en agosto de 2009, la Suprema Corte de Justicia les otorgó un amparo que fue el paso previo hacia su liberación, alegando “irregularidades procesales”. “La primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó ayer, por mayoría –cuatro votos contra uno–, amparar a 26 de los involucrados en la matanza de Acteal, 20 de los cuales serán puestos en libertad absoluta e inmediata”. (La Jornada, 13 de agosto de 2009)

Para los impartidores de “justicia” quedó en la penumbra detalles que saltaron en la investigación, como la usurpación de funciones para alterar el lugar del crimen, ocultando evidencias. En este mismo sentido quedó demostrada la complicidad con los asesinos de la policía y del Ejército.

Pero además documentos oficiales gringos documentaban el apoyo militar de EU a los paramilitares: “La Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos informó sobre el apoyo directo del Ejército Mexicano a paramilitares en Chiapas, que se brindaba desde mediados de 1994, con autorización del entonces presidente Carlos Salinas, como parte de la estrategia contrainsurgente contra las bases zapatistas, y señala que estas agrupaciones armadas estaban bajo la supervisión de la inteligencia militar mexicana durante las fechas en que se perpetró la matanza en Acteal, ya con Ernesto Zedillo como titular del Ejecutivo. Lo anterior está plasmado en documentos oficiales estadunidenses recién desclasificados y presentados hoy por la organización denominada National Security Archive (Archivo Nacional de Seguridad).

Un cable enviado por la agregaduría de Defensa de Estados Unidos en México a la jefatura de la Agencia de Inteligencia de Defensa, (DIA, por sus siglas en inglés), instancia del Pentágono, fechado el 4 de mayo de 1999, informa que para mediados de 1994, el Ejército Mexicano contaba con autorización presidencial para instituir equipos militares encargados de promover grupos armados en las áreas conflictivas de Chiapas. El intento fue asistir a personal indígena local en resistir al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Además, durante la masacre de Acteal de 1997, oficiales de inteligencia del Ejército estaban involucrados en supervisar a los grupos armados en los Altos de Chiapas. (La Jornada, sección política, edición del 21 de agosto de 2009)

 

En diciembre del año pasado se cumplieron 13 años de la masacre. Los compañeros de la  Mesa Directiva de Las Abejas nos recibieron a una comisión del Municipio Autónomo de San Juan Copala y del Sector de Trabajador@s de La Otra Campaña. Sobre la estrecha carretera que lleva a Chenhaló, a escasos minutos de donde se encuentra el municipio autónomo de Polhó (zapatista), se encuentra uno con una réplica del monumento a la infamia, del escultor danés Jens Galschiot, levantado en 1999 como testimonio de la matanza.

Casi a un lado del monumento, unas escaleras de cemento nos llevan ruta abajo a una explanada en la que se encuentran casas dedicadas a una cooperativa, una cocina, el lugar donde sesiona la mesa directiva. Más allá la capilla donde suelen orar y realizar sus jornadas de ayuno pidiendo por la paz.

La información arriba mencionada es ratificada por los compañeros quienes incluso ven gran similitud con la situación que han atravesado en san Juan Copala por defender el municipio autónomo: El crimen perpetrado en su contra fue una estrategia de Estado programada, constituyendo un ensayo de lo que vendría luego en otras partes del país y sobre todo en mismo Chiapas. Esta política cuenta con impunidad pues a pesar de que han sido señalados tanto los autores intelectuales como lo que obraron, a estas alturas ninguno tiene castigo.

Bajo el suelo de cemento de la capilla, se encuentran enterrados los cuerpos de los 45 asesinados. De las paredes penden fotos de las víctimas. Uno de los familiares los señala, él perdió once familiares, entre padres, hermanos y tíos.

Los compañeros de las Abejas están claros de lo que siguen persiguiendo: Justicia para sus muertos, y seguir defendiendo la causa por la que fueron masacrados: la lucha por mejores condiciones, por un mundo mejor, por defender la tierra, el territorio, la autonomía, en los términos en los que lo ha proclamado el movimiento zapatista, aunque no con sus métodos, sino de manera pacífica, como ellos dicen, corroborando su religiosidad, con el ayuno y la oración.

Pero entienden también que su causa es la causa, que ésta no será posible si no se unen a trabajadores de la ciudad y de otros sectores, y por ello brindan solidaridad a otros como la que han manifestado a los del Municipio Autónomo de San Juan Copala, y la que brindan en estos momentos a las comunidades de Mitzitón y Bachajón, en Chiapas.

 

--Sector de Trabajador@s de La Otra Campaña, región centro