La CONAIE entre el tiempo largo y la coyuntura

 

Floresmilo Simbaña[1]

En una improvisada discusión vía facebook sobre los primeros resultados de la consulta popular convocada por el gobierno de Rafael Correa y realizada el 7 de mayo pasado, el reconocido intelectual argentino Atilio Borón defendía con mucho optimismo el triunfo del SI y felicitaba al gobierno. Algunos de los participantes de este dialogo cibernético interpelaban sus afirmaciones resaltando el alto porcentaje del voto por el NO y destacando la fuerza del movimiento indígena ecuatoriano que había hecho campaña por esta opción, convirtiéndose así en el gran protagonista. Pero Borón intentó contestar descalificando a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, argumentando que “ahora se unieron a la derecha más conservadora para decirle que NO a las reformas que proponía Correa… que es ella [la derecha] la que mediante interpósita persona controla al movimiento indígena. Pero, si los indígenas ecuatorianos están tan en contra del gobierno (digo los indígenas y no sus organizaciones, algunas de las cuales están penetradas por la CIA hasta el tuétano)… Por último, hoy, en la coyuntura actual, mucho me temo que una opción revolucionaria no pasa por la alianza con la CONAIE y las desprestigiadas organizaciones indígenas, que antes apoyaron a Gutiérrez y ahora se unen a la rosca oligárquica en contra de Correa”.

Las críticas de Borón, más que una posición individual, es el reflejo de una corriente de la que se hacen eco políticos, académicos, periodistas, etc., que repiten unos cuantos “argumentos”, muchos vueltos lugares comunes, para explicar la situación actual del movimiento indígena ecuatoriano, pero la gran mayoría de ellos, acaso nadie, se han tomado el trabajo por estudiar la cuestión.

Un largo acumulado de alianza y resistencia anti neoliberal

La última década del siglo XX estuvo profundamente marcada por dos fenómenos en disputa: la implementación extensiva del neoliberalismo y la movilización indígena. Este fue el marco que caracterizó el escenario político social. Todas, o la gran mayoría de las organizaciones sociales y políticas, ajustaban sus acciones y agendas en oposición al neoliberalismo y, de igual manera, adscribían su alianza o solidaridad con el movimiento indígena. En este contexto la CONAIE influyó y dinamizó los procesos de movilización en el escenario nacional. En las principales ciudades del país: Quito, Cuenca, Riobamba, Ambato, Guayaquil, entre otras, muchas de las organizaciones urbanas y partidos de izquierda buscaban salidas a la crisis heredada por la derrota del movimiento sindical, barrial y estudiantil en los años 80, que a su vez sufría los embates provocados por el colapso mundial de la perspectiva de izquierda tras la caída del bloque de países socialistas liderada por la URSS.  

En esta difícil situación las organizaciones sociales, sobre todo las urbanas, vieron en la movilización indígena una oportunidad para un relanzamiento o sobrevivencia de sus respectivos procesos y propuestas. Es así como se adscriben a ella a partir de sus distintas composiciones, orígenes, ritmos y objetivos; pero todos, de una  otra manera, consideraban propicio el momento para cristalizar la unidad del campo y la ciudad mediante alianzas con la CONAIE.

Estos procesos de unidad desembocan en la constitución de una estructura organizacional: la  Coordinadora de Movimientos Sociales; en ella convergían las múltiples organizaciones urbanas: partidos de izquierda, organizaciones barriales, de mujeres, juveniles y sindicatos de trabajadores públicos, éstos últimos tenían mayor peso e influencia. Había otras organizaciones y espacios que no convergieron en la Coordinadora, pero de una u otra forma activaban implícita e explícitamente en las acciones políticas desde ahí suscitadas. La CONAIE participa en este espacio. Por su carácter político y social se movía en dos dinámicas no exenta de contradicciones: estaba determinada por ser al mismo tiempo una instancia organizativa y un centro político de intercambio de debates y de coordinación de acciones, y como tal dirigió las movilizaciones y el accionar político durante la década de los 90. Tubo tres grandes triunfos en su haber: la derrota del plebiscito en 1995 con el que el gobierno de Sixto Duran Ballén pretendía legitimar las privatizaciones; el derrocamiento del gobierno ultra neoliberal y corrupto de Abdalá Bucaram en 1996; y, la constitución del Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País MUPP-NP, movimiento político que tenía por objetivo afianzar la alianza campo-ciudad y generar un proyecto nacional capaz de enfrentar el neoliberalismo y convertirse en una opción de poder desde el campo popular.

Estas grandes estructuras organizativas se fueron debilitando al mismo tiempo que lograban sus principales victorias. Cuatro fueron los momentos que sintetizan esta dialéctica: a) para empujar la caída de Bucaram la Coordinadora de Movimientos Sociales promueve alianzas con sectores de derecha como el Partido Social Cristianos y la Democracia Popular, alianza que repercutió en una fuerte derrota política y electoral en la conformación de la Asamblea Constituyente de 1998; pese a esto desde el MUPP-NP se persistió en un juego de negociaciones con estos sectores a nivel del parlamento; b) una política completamente desacertada frente a la Constituyente de 1998, donde no pudieron articular una acción conjunta, esto posteriormente provocaría la dispersión de varias de las organizaciones que conformaban la Coordinadora; c) una alianza sin mayor consistencia estratégica y política con sectores militares para el derrocamiento del presidente Jamil Mahuad el 21 de enero del 2000 y la posterior conformación de un gobierno de transición de dos horas de duración. Esta alianza y los acontecimientos de esa coyuntura provocaron conflictos y rupturas entre la Coordinadora de Movimientos Sociales y la CONAIE y, al interior de esta última, fuertes tensiones; y, d) al mismo tiempo los ataques desde el Estado a los sindicatos de trabajadores públicos descabezó y debilito a la principal fuerza urbana (los sindicatos de trabajadores públicos) y con él a la Coordinadora.  

A finales de los años 90, y en un proceso de acumulación, esos cuatro factores determinaron el desfonde de esa gran estructura organizativa, arrastrando tras de sí el carácter general y/o nacional del proyecto, como consecuencia lógica la Coordinadora de Movimientos Sociales desaparece como fuerza político social real, aunque subsiste su estructura dirigencial. Muchas de sus organizaciones intentaron nuevos reagrupamientos, pero no resistieron la prueba de las batallas política reales, algunas incluso terminaron desintegrándose. De su parte el movimiento indígena aunque fue parte de las grandes equivocaciones señaladas, estuvo en mejores condiciones para capear la crisis; aunque sus respuestas no siempre fueron las más adecuadas que, junto a la profunda crisis de las organizaciones sociales urbanas, se refugió en propuestas sectoriales, más de cara a lo indígena, dejando espacio para el fortalecimiento de visiones etnisistas, que solamente la irrupción multitudinaria de las comunidades en los levantamientos de julio de 1999 y enero y febrero del 2001 la CONAIE logra recuperar fuerza política y reconcentración organizativa.

En estas condiciones llegan las organizaciones sociales protagonistas de la movilización política de los años 90 y así enfrentan el primer tramo de la última y mayor envestida del neoliberalismo en el Ecuador.

Es justamente en los últimos años noventa y primeros del nuevo milenio, concretamente entre la Asamblea Constituyente de 1998 y la caída del ALCA, 2004, cuando varios sectores urbanos emergentes van adquiriendo fuerza organizativa, una progresiva politización y ascendente participación pública en política. Estos son fundamentalmente espacios y organizaciones juveniles articuladas en torno a reivindicación de los derechos, el medio ambiente y la diversidad cultural. Estas experiencias no tenían un centro articulador claro pero eran fuertemente dinámicas en su accionar. El anti neoliberalismo (traducido en resistencia a la firma de los tratados de libre comercio: ALCA primero y TLC después), sirve de vinculo político e identidad con el movimiento indígena.

La alianza que mayor fuerza y dinámica adquiere es la gestada entre la CONAIE y los espacios juveniles que se autodenominan movimiento rockero. Este espacio provoca procesos de articulación y unidad de gran parte de agrupaciones y experiencias organizativas juveniles urbanas que, en los momentos de mayor enfrentamiento contra el TLC, logran constituir espacios más amplios de reagrupamiento político cultural que haría las veces de centro coordinador y de dirección de la movilización.

El combate contra el TLC marcó la dinámica de la unidad. En los primeros meses del 2006, donde se vivió el momento de mayor intensidad en los enfrentamientos, fue este espacio que sostuvo la movilización urbana, principalmente en Quito y Cuenca. En el tramo decisivo de la lucha, cuando se pretendía dar por concluidas las negociaciones y allanar el camino para la firma del tratado, no fue posible lanzar una acción conjunta entre las organizaciones sociales opositoras. Finalmente la CONAIE resuelve lanzar un levantamiento y define la fecha de inicio: 9 de marzo. Otras organizaciones deciden otras acciones y fechas distintas, incluso estrategias diferentes como la impulsada por la CONFEUNASSC que prefirió la negociación. Es la alianza urbano-rural que sostiene el levantamiento que dura quince días y paraliza gran parte del territorio nacional y logra ganar el respaldo de la mayoría de los ecuatorianos.

Este levantamiento conquistó una victoria histórica para el campo popular. Por un lado logra vencer definitivamente al TLC, por otro, consigue un triunfo trascendental: el inicio de la derrota estratégica del neoliberalismo y del bloque político hegemónico que lo sostenía; provocando un punto de inflexión en la política ecuatoriana que a su vez abre un nuevo momento, el que hoy conocemos como periodo post neoliberal.

Este nuevo periodo también marca las primeras tensiones en esta alianza. Tanto la CONAIE como estos nuevos grupos sociales urbanos, bajo la perspectiva de que la batalla ahora se trasladaba al ámbito electoral y que había  que presentar una propuesta unitaria, intentan procesos de unidad política, pero ambos intentos fracasan. El movimiento indígena, por intermedio del MUPP-NP presenta una candidatura propia y el movimiento urbano vuelve a fraccionares en distintas propuestas: apoyo a diferentes candidaturas, oposición a la vía electoral, etc. El resultado de esta dispersión la conocemos todos: Rafael Correa y su movimiento Alianza País gana las elecciones e instaura su gobierno autodenomino de revolución ciudadana. 

Conforme avanza el gobierno de Correa e instalado una nueva Asamblea Constituyente en el 2008, que elabora una nueva Constitución, que finalmente es aprobado mediante consulta popular muchas de las organizaciones sociales y partidos políticos de izquierda van adoptado distintas posiciones frente a la coyuntura y al gobierno. Algunos sectores del movimiento urbano ven perspectivas reales en alianza con el gobierno de Alianza País, para ellos ven necesario un alejamiento del movimiento indígena, ya que éste mantiene una posición crítica al régimen. Otros creen que dentro de la “revolución ciudadana” están cerrados todos los caminos, por lo tanto la lucha debe seguir por la movilización social, manteniendo así la necesidad de unidad con la organización indígena. El movimiento indígena sigue viendo posibilidades abiertas para sostener y fortalecer líneas de alianza campo-ciudad y mantiene vínculos con espacios organizados que viabilice el trabajo en esa dirección.          

Estás con las condiciones en que se encuentra el campo popular frente a la coyuntura actual, en especial la del movimiento indígena.

El IV Congreso

El actual proceso ecuatoriano, llamado pos neoliberal, debe ser leído en dos momentos: 2005-2006 donde tuvo lugar la derrota política del proyecto neoliberal y de los bloques hegemónicos que hasta entonces conducían el Estado; y, del 2007 hasta hoy en que Rafael Correa y Alianza País instauran su régimen autodenominado de revolución ciudadana. Pese a su gran impacto en el actual periodo, en el mundo académico nacional e internacional, son muy escasos los estudios de envergadura; pero de esto no nos ocuparemos aquí. El objetivo de este trabajo es revisar las lecturas más recurrentes que se hacen sobre movimiento indígena y que se han vuelto a visibilizar movidos por dos acontecimientos políticos de actualidad: el IV Congreso de la CONAIE[2] y los resultados electorales de la consulta popular.

La CONAIE cambia de dirigentes, o Consejo de Gobierno, cada tres años. Marlon Santi[3], quien presidió la organización desde el 2008, cumplía ya su gestión por lo que la organización buscaba su reemplazo. Con este propósito muchos sectores dentro y fuera del movimiento indígena pusieron sus ojos en esta coyuntura. El Congreso se realizó del 31 de marzo al 2 de abril pasado, en la provincia amazónica de Pastaza. Tres mil quinientos delegados se dieron cita; de los cuales 1050 eran oficiales, es decir con derecho a vos y voto[4].  Los dos primeros días del Congreso fueron copados por debates sobre la coyuntura política del país, básicamente en lo referente al gobierno y la consulta popular, esto limitó excesivamente las reflexiones que un congreso de una organización de las dimensiones de la CONAIE debe tener. Al final de la jornada se procedió a elegir el nuevo Consejo de Gobierno; los tres candidatos que ya se venía promocionando fueron oficializados: Humberto Cholango (candidato oficial de la regional sierra, ECUARUNARI), Pepe Akachu (candidato oficial de la regional amazónica, CONFENIAE) y de Auki Tituaña (patrocinado por la organización del Pueblo Otavalo, del centro norte de la sierra) Finalmente, y mediante voto individual y secreto, Cholango tuvo 472 votos, Auki 353 y Akachu 205; y hubo 20 nulos.

Estos resultados no fueron aceptados por Auki, alegando no haber la mitad más uno para declarar ganador a Cholango exigió segunda vuelta. La mesa electoral (autoridad electoral del Congreso de la organización) negó tal solicitud por que nada de eso consideraba el reglamento que regulaba el Congreso, por lo que procedió a declarar ganador a Humberto Cholango y llamar a elección del Vicepresidente. Auki Tituaña y Marlon Santi abandonaron la sala, seguidos de sus respectivas organizaciones de base. Las elecciones prosiguieron y resulta electo Pepe Akachu. Imediatamente es proclamado como nuevo Vicepresidente de la CONAIE. El Presidente de la organización regional de la costa, partidario de Tituaña, presenta su desacuerdo e invita a sus organizaciones de base a retirarse de la sala, petición que no es seguida por todos, pero que logra armar un clima de desorden que hace imposible seguir con el proceso electoral. El Consejo Electoral decide declarar en receso el proceso y entregar la dirección del Congreso a la Mesa Directiva, quienes, luego de varias deliberaciones se acogen al receso y llaman a los Consejos de Gobierno regionales a tener una posterior reunión con el fin de decidir lugar y fecha para reinstalar y culminación del Congreso. Anunciado esto, todos abandonan el lugar. 

El camino hacia la culminación del IV Congreso estuvo lleno de fuertes debates y acusaciones públicas vía medios de comunicación.  Finalmente, se reinstaló el 17 de abril, en la ciudad de Quito. Estuvieron presentes 38 organizaciones de base presentes, y 22 ausentes. Por consenso se decidió formalizar lo realizado por el Congreso en la ciudad de Puyo; esto es, las resoluciones adoptadas y las elecciones de Presidente y Vicepresidente, en las personas de Humberto Cholango y Pepe Akachu respectivamente. De igual forma, por consenso, se eligió a los restantes miembros del nuevo Consejo de Gobierno. En su parte final, y una vez posesionada la nueva dirigencia, Humberto Cholango hace llamados a seguir en la crítica y oposición propositiva a la revolución ciudadana de Rafael Correa; a la unidad de todo el campo popular; al fortalecimiento de las organizaciones de base de la CONAIE y a avanzar en la construcción de la propuesta para poner en marcha la Plurinacionalidad y el Sumak Kawsay.   

Estos son los hechos, hora resta ver cuáles son las implicaciones de los mismos.

La crisis y sus razones

El gobierno al igual que los grandes medios de comunicación públicos y privadados hicieron énfasis en la “división del movimiento indígena”, la “pérdida del horizonte político”, el “naufragio de la otrora poderosa CONAIE”. El gobierno, además, explica la situación creada en el IV Congreso como muestra fehaciente que “las bases están con la revolución ciudadana y no con la CONAIE”. No faltaron voces gubernamentales y académicas que volvieron a repetir la consigna más que argumento, que lo sucedido ponía en evidencia que los indígenas no habían logrado superar la crisis por el apoyo al gobierno de Lucio Gutiérrez.

El proceso de un sujeto político no puede ser leído tomando en cuenta sólo su dinámica interna y acción individual, dejando de lado sus múltiples relaciones generales, en esta perspectiva la situación del movimiento indígena ecuatoriano necesariamente debe ser leída como parte de la situación que viene acarreando la izquierda ecuatoriana; a saber, un proceso de agotamiento político ideológico de las condiciones y proceso creado con el levantamiento indígena de junio de 1990, y que en los primeros años del nuevo milenio tuvo su crisis más fuerte. Entre el 2000 y el 2003 (más o menos) se desfondaron las expresiones organizativas de los sectores sociales urbanos, particularmente de Quito, Guayaquil y Riobamba; Cuenca sorteó de mejor manera el período. Muchas de estas organizaciones naufragaron en medio de la orfandad social, o en el juego de relaciones y alianzas política sin mayor visión que el oportunismo coyuntural, otras sucumbieron ante el embate de las políticas neoliberales; en este caso se encuentran las organizaciones sindicales del sector público (trabajadores petroleros, del seguro social y eléctricos y telecomunicación) que representaban la esfera más grande y dinámica de lo urbano. Esta banca rota y derrota repercutió en todo el campo popular. Las organizaciones rurales, el movimiento indígena en particular, volvió a quedar sola y en debilidad.

Las organizaciones urbanas que tenían una alianza estratégica con el movimiento indígena, o terminaron desintegrándose (es el caso de la Coordinadora de Movimientos Sociales) o rompiendo tal alianza. En muchos casos las evaluaciones de la alianza con Gutiérrez y la perspectiva de futuro a seguir funcionó de detonante de la crisis. En esta última unos priorizaron los procesos de resistencia social, otros vieron en los acercamientos a los partidos políticos del centro izquierda[5] una apuesta a conformar “una opción de poder”. Los que optaron por la ruptura justificaron su salida aduciendo expulsión y que la CONAIE se había etnizado, acusando incluso de “racismo al revés”. Este mito creado por estos sectores es recogido hasta ahora y repetido por académicos y el actual gobierno.

El posterior advenimiento del gobierno de Rafael Correa y su movimiento Alianza País que, entre otras cosas, parecía indicar un relanzamiento de procesos organizativos urbanos; pero eso hasta ahora, a casi cinco años de revolución ciudadana, no termina por cuajar, ya sea porque no pueden o no les interesa que ello suceda.

De su parte, entre el 2000 y el 20005 la CONAIE experimento el momento más crónico de su crisis. Los múltiples conflictos creados por las políticas neoliberales y la presencia del capital transnacional en los territorios comunitarios tensaron las relaciones socioculturales, políticas y económicas en el campo, debilitando visiblemente a las organizaciones de base. Por otro lado, las pugnas de las tendencias internas ahondó la crisis[6], porque éstas, en algún momento se volvieron duras y hasta violentas. Las que propugnan por una lucha netamente reivindicativa economicista y cultural ganaron cierta preeminencia, que sumado a la situación descrita con las organizaciones urbanas, aisló fuertemente al movimiento indígena. Pero esto pudo ser digerido y sentó las bases de una posible superación por la convergencia de dos  factores políticos: la fuerza y radicalidad que iba tomando la lucha contra el Tratado de Libre Comercio TLC, que los sucesivos gobiernos (Gustavo Novoa, Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacios) pretendían firmar con los EE. UU; y la llegada a la presidencia del ECUARUNARI de Humberto Cholango 2004 y de la CONAIE de Luis Macas 2005.

En estas condiciones, y también como medida para superar la crisis de la malhadada alianza con Lucio Gutiérrez, la organización indígena declara un “repliegue estratégico” y la resistencia al TLC como prioridad.

Esta orientación le permite ir superando la debilidad socio organizativa y la crisis política. Recupera contacto con muchas de sus organizaciones de base, nuevas organizaciones indígenas y no indígenas rurales ingresan a sus filas, retoma alianzas con organizaciones sociales urbanas que sobreviven o rearma con otras nuevas[7]. Esto le permite lanzar movilizaciones exitosas y preparar el gran levantamiento indígena y popular de marzo del 2006 que puso fin al TLC y golpeó seriamente al sistema político partidista y  los sectores de poder que hegemonizaron el poder en la “larga noche neoliberal”.

Pero no fue suficiente; la CONAIE, por errores de apreciación de la coyuntura y contradicciones internas, no pudo definir una línea política única que le permita transformar ese acumulado en una propuesta política que llene el vacío dejado por la derrota del neoliberalismo, vacio que fue ocupado por Rafael Correa y la revolución ciudadana.

Con el gobierno de Correa se ha ido de un acercamiento con autonomía (que duró hasta mediados de la Asamblea Constituyente), una crítica programática, hacia una oposición, sobre todo a partir de la aprobación de la Ley Minera y el debate en torno al proyecto de Ley de Aguas 2009-2010. El gobierno ha endurecido cada vez más sus ataques a la CONAIE y es evidente que tiene una política manifiesta de destrucción de esta organización, y de toda organización social crítica.

Es obvio que a la CONAIE el enfrentamiento con el gobierno de Correa le ha significado duros costos sociales y políticos. Pero esta no es la única razón de la crisis de la más grande organización indígena nacional.

Las estructuras socioeconómicas creadas en los 25 años de neoliberalismo han generado en el mundo rural nuevas realidades y estructuras político económicas y cambiantes relaciones socioculturales: reconcentración de la tierra (en especial por la agroindustria exportadora, muchas de ellas de capital transnacional), privatización de extensos territorios (páramos y bosques), concentración del agua,  desinversión pública; pero, por otro lado también tenemos una diferenciación social y económica profunda, debilitamiento de la economía agraria y generación de nuevos sectores económicos (comercial y financiero principalmente), migraciones internas y externas. Esto como un proceso general que afecta a todos sectores sociales del mundo rural. Algunas de cuyas consecuencias son el debilitamiento y desintegración del tejido orgánico social, principalmente el comunitario, rompimiento de los lazos de unidad cultural, diferenciación económica. Esto, en términos políticos, se traduce en desplazamientos militantes, perdida de referencia ideológica política respecto de las organizaciones nacionales. La derrota política del neoliberalismo no ha significado, por sí sola, la superación de esta situación; la revolución ciudadana tampoco ha sido una respuesta, las políticas de subsidios y bonos no transforman las estructuras dejadas por la larga noche…

Como es obvio esta situación no afecta sólo a la CONAIE sino a todas las organizaciones rurales (el camino optado por cada una de ellas es otro de los temas sobre el cual se ha debatido poco). La CONAIE, entre errores y deficiencias, pretende mantenerse fiel a su proyecto político histórico, este camino le obliga intentar respuestas a viejas  demandas y recoger nuevas, aquellas que la revolución ciudadana no da respuesta o crea; es decir, esto nos obliga a ver el enfrentamiento CONAIE-revolución ciudadana no sólo como una rivalidad política, sino como una disputa de sentidos y proyectos políticos: la democracia electoral frente a la óptica plurinacional, el modelo de desarrollo responsable vs. el Sumak Kawsay y soberanía alimentaria, la meritocracia enfrentada a la participación social, entre otros. Por lo mismo este enfrentamiento no es en sí la razón de la crisis, en todo caso abre un nuevo momento de ella.

Del IV Congreso a la consulta popular

Al viejo argumento de crisis como dispositivo para deslegitimar políticamente a la CONAIE se suma una nueva variante: ser objeto de manejos desde la derecha y estar infiltrada “por la CIA hasta el tuétano” como asegura Atilio Borón. Igual, este tema no es nuevo, lo nuevo es el giro argumental de esta acusación. El movimiento indígena, sobre todo en los años 70, denunciaba la anuencia del Estado frente a las actividades políticas de elementos de seguridad de EE. UU. En los años 90 Víctor Bretón en sus trabajos sobre etnicidad y desarrollo analizó las actividades de agencias multilaterales de desarrollo y crédito y de ONGs vinculadas a los aparatos de seguridad y que constituían una amenaza para el movimiento indígena. La misma CONAIE, en el 2006, al calor de la lucha contra el TLC, denuncia y publica un listado de ONGs que intentaban dividir a las organizaciones opuestas a la firma del tratado, especialmente a la CONAIE.

El presidente Correa cambia el argumento para deslegitimar a las organizaciones que criticaban sus políticas,  lanzó la acusación de “hacer el juego  o estar con la derecha”. Luego, y en medio de las movilizaciones en contra de su ley minera, acusó a la CONAIE de ser manipulada y financiada por ONGs extranjeras, algunas de ellas vinculadas a la embajada norteamericana. Quien fue más lejos en esta línea fue la editorialista norteamericana radicada en Venezuela Eva Golinger que, en sus “trabajos”, acusa a la CONAIE de estar infiltrada y financiada por la CIA, a través de USAID y NED. Como prueba de sus investigaciones presenta el apoyo financiero dado a dos ONG ecuatoriana manejadas por indígenas: la Corporación Empresarial Indígena del Ecuador y la Fundación Qellkaj; y, además de al CODEMPE. Pero el CODENPE es una institución del Estado, dependiente de la presidencia de la República, con la que el gobierno de Correa ha ratificado todos los convenios firmados. Con las dos fundaciones acusadas por Golinger, la CONAIE ha mantenido un antagonismo en el plano político e ideológico; pero esto no parece importarle a esta “investigadora”. Así y todo, los “investigadores” ecuatorianos recogen esta acusación y la repiten hasta el cansancio, y este argumento es el que también recoge el respetable intelectual argentino Borón. 

Lo que deja ver esta tesis contra el movimiento indígena es un lastre colonial en la mentalidad del gobierno y de algunos buenos intelectuales de izquierda: ver a los indígenas como fácilmente manipulables desde afuera, sin capacidad de autonomía y conciencia como sujetos. Esta actitud “intelectual” es una constante desde la controversia Sepúlveda-De las Casas en el siglo XVI.

En la crisis del IV Congreso de la CONAIE se expresaron por lo menos dos elementos básicos: 1) los conflictos acumulados en el mundo rural-agrario provocado por las transformaciones en las estructuras políticas económicas y socioculturales que el neoliberalismo impulsó; y, 2) las tensiones internas provocadas por el a veces violento enfrentamiento con el gobierno de Rafael Correa; una dialéctica del tiempo largo y del tiempo corto de la historia del movimiento indígena. Y, contrariamente a lo que sostienen algunos, ésta crisis no se resolvió en el plano de la coyuntura, se movió visiblemente sobre ella, pero se resolvió por otro lado. El discurso de Humberto Cholango daba cuenta de una propuesta de más largo aliento: se oponía a la revolución ciudadana desde la crítica al modelo capitalista, aunque en el camino se vio forzado a moverse en el plano enteramente coyuntural.

Un hecho que se debe tomar en cuenta, y que pone en duda el supuesto desapego de las bases con la organización, es que el triunfo de Cholango fue posible por la adscripción de estas a la candidatura que resulto ganadora por sobre algunos dirigentes cuya opción era distinta.

Pero también allí están los resultados de la consulta popular del pasado 7 de mayo para dar una evidencia más de que, a pesar de su crisis, la CONAIE guarda asidero en la realidad y en las organizaciones de base. En medio de la crisis del IV Congreso, la organización tuvo que extremar la campaña por el NO. Y el NO triunfo en las provincias de la sierra y de la amazonía, donde está la mayor población indígena, donde se concentran los mayores problemas agrarios, de territorios, agua y de minería, y exactamente donde la CONAIE tiene sus mayores organizaciones de base. Pero además los resultados electorales, en relación al movimiento indígena, pone directamente en duda la propaganda gobiernista que acusa que las propuestas y denuncias de la organización no representan demandas sociales, sino que son criterios individuales de dirigentes “infantiles”, propia de “izquierdosos extremistas e insensatos”. El discurso de la organización indígena sostuvo para defender el voto NO fue la defensa de los Derechos de la Naturaleza y de los Derechos Colectivos, de oposición a la minería a cielo abierto, de demanda de una revolución agraria y de construcción de la soberanía alimentaria y el Sumak Kwsay. Los resultados señalados dan cuenta que las posiciones de la CONAIE tiene asidero social y no sólo que es en crítica del gobierno sino una oposición al capital internacional.

El IV Congreso y los resultados de la consulta popular permiten tener una más detallada y amplia lectura de la actual situación del movimiento indígena; y esto no solo por una necesidad de conocimiento, sino por razones de acción política.

 

 



[1]

                [1] Ex dirigente de la CONAIE

 

[2]

                [2] En realidad sería el decimo Congreso, pero en el 2001 cambian sus Estatutos y realizan una reestructuración interna de sus organizaciones de base, donde ya no serían las federaciones provinciales sino las estructuras de pueblos y nacionalidades sus adscripciones territoriales; por esta razón en aquel año se convocó el I Congreso de pueblos y nacionalidades. 

 

[3]

                [3] Kichwa amazónico, de la provincia de Pastaza, de la Comunidad Sarayaku. 

 

[4]

                [4] Boletín de la CONAIE, del 1 de abril del 2011.  

 

[5]

                [5] El contexto de este debate es posterior al derrocamiento del gobierno de Lucio Gutiérrez. Concretamente se discutía la posibilidad de trabajar una alianza con la Izquierda Democrática ID, en miras de las elecciones presidenciales del 2006. El movimiento indígena impugnaba esa alianza por el desprestigio de este partido y su declarado neoliberalismo.

 

[6]

                [6] La tradicional visión de que la CONAIE está dividida o compuesta por una tendencia Histórica (de izquierda) y otra por una etnocentrista (de derecha), desde hace largo tiempo atrás que no tiene asidero en la realidad y complejidad del movimiento indígena. Las tendencias son tan dinámicas, elásticas y fluctuantes que es necesario un seguimiento más detallado.

 

[7]

                [7] Básicamente organizaciones juveniles, de mujeres, rockeros, GLBT, que de alguna manera llenaron el vacío dejado por aquellas que estuvieron en los años 90. Pero también realiza acuerdos tácticos contra el TLC con sectores de mediano productores costeños (maiceros) e industriales serranos (farmacéuticos y artesanos) que estaban en desacuerdo con la firma del tratado.