Participación que presenta el sector de Trabajador@s de La Otra Campaña, región centro, al Encuentro Nacional de Organizaciones y Luchas de La Otra Campaña convocado por La Otra Nueva York y el FPDT

 

Bueno, pues en México lo que queremos hacer es un acuerdo con personas y organizaciones mero de izquierda, porque pensamos que es en la izquierda política donde mero está la idea de resistirse contra la globalización neoliberal, y de hacer un país donde haya, para todos, justicia, democracia y libertad. No como ahorita que sólo hay justicia para los ricos, sólo hay libertad para sus grandes negocios y sólo hay democracia para pintar las bardas con propaganda electoral. Y porque nosotros pensamos que sólo de la izquierda puede salir un plan de lucha para que nuestra Patria, que es México, no se muere. (Sexta Declaración de la Selva Lacandona)

Introducción

Hemos recibido con mucho gusto la invitación a participar en este encuentro y reconocemos el esfuerzo de los convocantes para que se de en las circunstancias actuales del país y del mundo.

 Consideramos que estos llamados a encontrarnos, a intercambiar nuestras experiencias, a argumentar, debatir y llegar a acuerdos son momentos de suma valía ya que ello nos permite seguir avanzando en plantear lo que ustedes llaman como “una resistencia organizada”.

Compartimos su idea de la necesidad de fortalecer nuestros lazos, respondiendo al Estado capitalista “y sus agentes –que- buscan reprimirnos y aplastar nuestro espíritu”. Buscando los argumentos y acciones que nos unan, respetando nuestra diversidad que surge de las diferentes luchas y concepciones.

Estas y otras han sido las consideraciones que planteó y sigue planteando la VI Declaración de la Selva Lacandona, y que muchas y muchos de nosotros hemos intentado desarrollar en estos últimos años, dando vida a múltiples intentos de lucha, organización, debate y acciones.

El sector nacional de trabajadoras y trabajadores de La Otra Campaña, La Otra Obrera, fue conformado por un número importante de organizaciones, colectivos e individuos que se manifestaron adherentes, en el marco del recorrido hecho por la Comisión Sexta por la ciudad de México, específicamente fue producto del I Encuentro Nacional Obrero convocado a fines de abril de 2006. A lo largo de estos años, varios de los que iniciaron con nosotros ese esfuerzo, lo han ido abandonando por no coincidir en lo general con La Otra Campaña, unos, y otros, porque han preferido invertir sus esfuerzos en otra dirección.

Desde entonces impulsamos otros 2 encuentros nacionales, 2 asambleas con el mismo carácter y otras regionales, diversos foros, marchas independientes cada 1 de mayo desde ese año. Pero además como sector estuvimos presentes en varias luchas y acciones, entre otras los días 3 y 4 de mayo de 2006 en San Salvador Atenco, donde perdiera la vida nuestro compañero Alexis Benhumea.

Acompañamos el recorrido de la Comisión sexta en varios estados de la república y hemos hecho acciones a favor de las comunidades zapatistas. Asimismo nos comprometimos como Otra Obrera en el rescate independiente de los cuerpos de los mineros asesinados por la negligencia del Estado, de la patronal y de la dirigencia sindical en la mina 8 de Pasta de Conchos; acudimos a las guardias juntos a los mineros de Cananea y Sombrerete y estuvimos en su momento en varias acciones a favor de los trabajadores electricistas cuya dirigencia los ha llevado al desgaste y la derrota. Recientemente hemos estado apoyando la lucha del Municipio Autónomo de san Juan Copala, participando en la 2ª. caravana y haciéndonos presentes en las movilizaciones.

Otros esfuerzos recientes han sido las de estar presentes e impulsar coordinaciones regionales, estatales y sectoriales al interior de La Otra Campaña. Parte de estos esfuerzos han sido los foros “Váyanse o los Sacamos” convocados por La Otra Huasteca-Totonacapan, que reunió en Papantla, Veracruz, a más de 300 compañeras y compañeros de La Otra Campaña de todo el país y de otros países.

La continuación de estos foros suscitó mucha polémica y visiones encontradas al interior de LOC.

El seguimiento de estas reuniones dio paso a 3 asambleas anticapitalistas que ha reunido a algunos colectivos, organizaciones y adherentes, dándonos espacio para intercambiar, discutir, organizarnos y actuar en torno a problemáticas concretas.

 

Algunos aspectos de la situación nacional e internacional

Como sector de trabajadoras y trabajadores, reivindicamos la teoría y la experiencia que nos legó el marxismo acudiendo a sus fuentes para que sea nuestro instrumento de análisis y guía para la acción en las actuales circunstancias.

Vemos que la actual crisis del capitalismo, una crisis con variadas y diferentes facetas, tiene su origen en la sobreproducción de mercancías, a la vez que revela la incapacidad del sistema para solucionar el problema de la energía, de la tierra fértil, de la calidad del aire, del acceso a la vivienda y en general a servicios diversos para la mayoría de la población; asimismo la crisis revela sus efectos en la esfera financiera, donde han sobre invertido para evitar que se derrumben los niveles de ganancia.

Esta crisis presenta aspectos estructurales, no sólo es cíclica y coyuntural, y encontramos las políticas de los gobiernos capitalistas neoliberales tienen su orientación fundamental a evitar que sus montos de lucro y ganancias no decaigan y sigan en ascenso.

En tal sentido, vemos que el ataque agudo en contra de las prestaciones, los salarios, las condiciones de trabajo, son parte fundamental de cómo pretende el capital resolver la actual crisis. Expresión de lo mismo lo son el despojo de la tierra y el territorio que sufren los indígenas, los campesinos pobres. Lo mismo que el desprecio que se expresa hacia las mujeres, los jóvenes, las lesbianas, homosexuales y transgénero.

Nosotros planteamos que todos estos problemas tenemos que enfocarlos fundamentalmente como clase, reconociendo que la lucha de clases en nuestro país y el mundo coloca frente a frente a dos clases, a los desposeídos, explotados y marginados, y a la clase que posee, que es dueña de los medios de producción, que gobierna a través de sus instituciones, partidos, sindicatos y sus dirigencias, aparatos de represión.

 

Programa Nacional de Lucha y la unidad de las luchas anticapitalistas

Vemos que las políticas de explotación, despojo, marginación y desprecio provocan reacciones por todos lados, surgen resistencias diversas, de colonos, indígenas, estudiantes, mujeres, de la diversa otra sexualidad, de obreros, y que efectivamente, son luchas que responden en lo inmediato a la explotación, depredación, despojo; que surgen de manera local y muchas veces aisladas, pero que en lo esencial expresan el repudio al sistema capitalista.

Muchas de estas luchas logran organizarse y romper el aislamiento, ligándose a otras, como ocurre en varias de las que se dan al interior de La Otra Campaña. Son luchas de mucha importancia, como la que los mismos zapatistas sostienen en Chiapas, la de las y los compañeros de Ostula, en Michoacán, la del Municipio Autónomo de San Juan Copala, Oaxaca, la del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco; en la ciudad la del Frente de Pueblos del Anáhuac contra la línea 12 del metro, del frente amplio contra la supervía poniente, y muchas más.

En los argumentos que se desarrollan se dan, en ciernes, lo que no queremos que sigan practicando las políticas del sistema en contra nuestra, y cuando elaboramos propuestas como las del rescate de la tierra y del territorio, por la preservación del medio ambiente, por autonomía, autogestión, por independencia, lo hacemos tratando de desarrollar por qué estamos luchando y como soñamos y queremos poner en práctica, el mundo al que aspiramos.

Por ello nos parece fundamental el planteamiento de la VI Declaración de la necesidad de unirnos, pero de hacerlo a través de un programa: Y tal vez encontramos un acuerdo entre los que somos sencillos y humildes y, juntos, nos organizamos en todo el país y ponemos de acuerdo nuestras luchas que ahorita están solas, apartadas unas de otras, y encontramos algo así como un programa que tenga lo que queremos todos, y un plan de cómo vamos a conseguir que ese programa, que se llama “programa nacional de lucha”, se cumpla.” (Sexta Declaración de la Selva Lacandona)

Como sector la discusión de una propuesta de programa la emprendimos a partir del planteamiento del Subcomandante Insurgente Marcos  Estamos pidiendo a este otro encuentro nacional obrero que tome esta decisión, si se va a conformar por la lucha por la democracia sindical, si se va a conformar por luchar por mejores condiciones de salarios y laborales o, junto con nosotros, con la Otra Campaña, van a luchar por destruir a los capitalistas y quitarles ya la propiedad de los medios de producción”. (29 abril de 2006, I Encuentro Nacional Obrero)

En los subsecuentes encuentros seguimos ahondando en esa discusión, resultando una propuesta de programa que hemos expuesto abiertamente a toda La Otra Campaña y al exterior de ella, donde destacan tres ejes fundamentales: 1) Apropiación de los medios de producción para su socialización; 2) Derrocamiento de la burguesía, y 3) construcción del poder obrero, de las trabajadoras y los trabajadores, y de los explotados y oprimidos, una propuesta que la hacemos asumiéndonos como parte de una clase, de la clase que no tiene nada que perder más que sus cadenas.

 

Unir, coordinar, enlazar las luchas. Por un Plan de Lucha con Programa. La Otra Campaña

Nosotras y nosotros consideramos que nuestras luchas, tanto las que dan organizaciones, colectivos e individuos de La Otra Campaña como las que no se reconocen o aceptan de LOC pero que son tan importantes como cualquier otra, son peleas que reaccionan de manera espontánea, que llevan desde su surgimiento el germen de una lucha revolucionaria, y que muchas se desarrollan y alcanzan determinados grados de conciencia y organización; que incluso logran cobertura, solidaridad y se enlazan con otras y otros.

Pero creemos que para llegar a una etapa de unidad, coordinación y enlace que vaya en el camino de transformar radicalmente la sociedad, falta aun un gran camino por recorrer, empezando por asumir el compromiso por sector, por grupo, por organización y hasta por individua-o de contribuir a la construcción del programa nacional –y agregamos que también internacional- que nos una para pelear como un solo frente de clase.

La primera instancia de conciencia que creemos debemos apropiarnos, es el reconocimiento de que ninguna lucha es suficiente, que todas tienen límites, como lo asumen los zapatistas: hemos llegado a un punto en que no podemos ir más allá y, además, es posible que perdamos todo lo que tenemos, si nos quedamos como estamos y no hacemos nada más para avanzar. O sea que llegó la hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la pena. Porque tal vez unidos con otros sectores sociales que tienen las mismas carencias que nosotros, será posible conseguir lo que necesitamos y merecemos. Un nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados… o sea los trabajadores de la ciudad y el campo”. (Sexta Declaración de la selva Lacandona)

Reconocer nuestras luchas, las que están afuera de la que damos nosotros, es un paso importante. Aprender unas de otras en sus prácticas autonómicas y autogestivas en lo organizativo, en los proyectos, en las perspectivas, es otro paso a dar. Hacernos presentes y solidarios con otras y otros que pelean es otro paso más de conciencia. Pero ¿cómo enlazarnos, coordinarnos, para batallas más amplias?

Razonamos que el asunto fundamental es considerarnos como parte de una clase que es desposeída, explotada, humillada y reprimida, y que como tal requerimos dar una respuesta amplia y más allá de nuestras experiencias, proyectos, sueños y prácticas.

Luego entonces no basta con reconocer nuestra propia lucha y la del otro. No basta ya ser solidario con el que hoy emerge a la pelea. No basta ya avanzar en luchas sectoriales o territoriales. La resistencia tiene sus límites y su propio proceso de desgaste.

Desde nuestro punto de vista es menester dotarnos de la necesidad de ir a la ofensiva, hacia adelante, preparando las condiciones de conciencia y organización para un proceso de insurrección de masas orientados por el programa y su plan que iremos definiendo conforme somos capaces de formular nuestras demandas locales, territoriales, sectoriales, en planteamientos amplios que a todas y todos nos identifiquen.

Ir dando los pasos que se requieran hacia nuestra emancipación, será el reto que tenga La Otra Campaña, y pasar de ser una suma desarticulada de pequeñas, grandes y medianas luchas, a las que entre otras cosas se identifican por su rechazo a los partidos de Estado y a todas las instituciones, coordinadas sólo en ciertas coyunturas, o expresando nuestras rabias concentradas en pronunciamientos y una que otra acción en acompañamiento de ciertas luchas, a pasar a ser un movimiento alternativo para la transformación revolucionaria de la sociedad, determinando conforme se desarrolle su conciencia, sus formas de organización política.

 

Represión y control político y social

Como sector de trabajador@s, nos queda claro que la represión significa la expresión más alta y desarrollada del autoritarismo que aplica la burguesía y su Estado en contra de sus enemigos que organizados de una u otra forma, afectan y/o ponen en riesgo el proceso de acumulación de capital en un área determinada (la tierra, el medio ambiente, la seguridad social –salud, educación, vivienda, pensiones, etc.)

Desde la existencia del capitalismo, la aplicación de técnicas y estrategias de represión van de la mano con los avances que logra en la industria, el comercio y los servicios, y con las enseñanzas militares que le dejan las guerras mundiales, nacionales o regionales que desata para la conquista de mercados y territorios.

Uno de las estrategias de contrainsurgencia más desarrolladas en los últimos años en México, lo vimos en San Salvador Atenco en 2006, y en Oaxaca a finales de ese mismo año, experiencias que se repetirían con sus variantes en otras partes, como en Morelos cuando el movimiento magisterial y prácticamente en todo el país, donde el fin es ejercer el terror, amedrentar, dejar una lección que propague el miedo y paralice a la población para que no reclame sus derechos.

Los movimientos que luchamos en contra del capitalismo tenemos como armas la organización que multiplica la denuncia, que ejerce presión política y social, que utiliza las ong´s e instituciones burguesas de “derechos humanos”, que en su momento y dependiendo de la fuerza acumulada, ejerce la autodefensa. Pero sobre todo es la prevención lo que nos permitirá medir el grado y la intensidad de la represión, y hasta evitarla, sin claudicar o renunciar a nuestra lucha.

Ubicar, aislar y expeler a los infiltrados. Informarnos de los métodos que desarrolla el Estado para reprimirnos y los objetivos que esta política conlleva. Fortalecer nuestra conciencia social y política. Mejorar nuestra organización interna y ampliar nuestros lazos al exterior. No olvidar los aspectos legales, pero ser claros que es la fuerza de nuestra organización y de las acciones que desarrollemos, las que podrán combatir los métodos represivos que se usan, desde los sicológicos hasta los militares y policiales.

Fundamental en esta lucha contra la represión, es considerar que estas acciones de Estado para controlar y extinguir nuestras luchas, es que sus métodos son parte de una ideología desarrollada desde el poder, con el objeto de conservar, mantener y desarrollar el sistema de explotación capitalista.

 

Mujeres

Dentro del marco de nuestras luchas, las mujeres, nuestras compañeras, han jugado un papel de primera línea. Son las que no en pocas ocasiones se encuentran en la primera fila. Las que con su decisión y firmeza empujan a los movimientos a desarrollar la lucha. Las que muchas de las veces convencen a los indecisos, las que al interior de las organizaciones y colectivos, exigen en primer lugar ser reconocidas y respetadas.

Es en el terreno de la lucha donde surge la conciencia de sus derechos, de su situación y el cimiento de su aspiración a liberarse de la doble o triple opresión que sufren, la que promueve el mismo sistema, la de los hombres que replican la ideología del que domina y la de las mismas mujeres que reproducen el modo patriarcal de subordinación.

El fundamento de que sean junto con otros sectores de la población la parte más expuesta está en la existencia de la propiedad privada que surge con la aparición de las sociedades que basan su existencia en la explotación de la mayoría por unos cuantos.

La emancipación de la mujer no es y no será sino la emancipación de toda la clase que lucha por la abolición de la propiedad privada, no se concretará sino con el triunfo de la clase en su conjunto por su liberación.

Por ello todos los esfuerzos que hagan por reconocerse y hacer que se les reconozca, por demandar su lugar en la lucha política, son esfuerzos que nos hacen a todos conscientes de la necesidad de apoyarlas y hacer nuestra su lucha de género en el marco de la lucha de clases.

El feminismo burgués impulsa sólo políticas parciales que pretenden el reconocimiento institucional de sus derechos, que en el mejor de los casos sólo llegan a ser meros pronunciamientos discursivos para que el estado de cosas se mantenga.

Por ello la conciencia de su situación y del reconocimiento de sus derechos en el presente y futuro como parte de los explotados y oprimidos, sólo puede surgir de la misma lucha que se desarrolla en contra el sistema capitalista.

 

Autonomías

Una de las luchas más importantes en nuestro país por establecer alternativas al modo de vida que impone el sistema capitalista, es el de las autonomías: Las que dan y desarrollan los pueblos indígenas; la de las y los campesinos pobres; las que aplican grupos de trabajadores y obreros; las que ejercen grupos anarquistas; las que llevan a cabo estudiantes; trabajador@s sexuales; homosexuales, lesbianas y transgénero.

Los zapatistas lo explican de la siguiente manera: “Este modo de gobierno autónomo no es inventado así nomás por el EZLN, sino que viene de varios siglos de resistencia indígena y de la propia experiencia zapatista, y es como el autogobierno de las comunidades

O sea que no es que viene alguien de afuera a gobernar, sino que los mismos pueblos deciden, de entre ellos, quién y cómo gobierna, y si no obedece pues lo quitan. O sea que si el que manda no obedece al pueblo, lo corretean, se sale de autoridad y entra otro.

Y entonces los pueblos han tenido buenos avances. Ahora hay más compañeros y compañeras que están aprendiendo a ser gobierno”. (Sexta Declaración de la Selva Lacandona)

El ejercicio de ciertas autonomías ha permitido el impulso de proyectos integrales (educación, salud, alimentación, vivienda, justicia, etc.) que parten de las demandas mismas de las comunidades, de los pueblos o de los grupos en lucha, y en la mayoría de los casos conllevan un sistema ideológico contrario al que impulsa la ideología capitalista, esto es, son prácticas comunales, solidarias, colectivas.

Son espacios de organización que toman en sus manos las riendas de su futuro, partiendo de las circunstancias del presente.

Sin embargo, la prevalecencia del sistema de explotación capitalista, su necesidad de expansión y desarrollo promoviendo sus políticas de depredación, despojo, explotación, desprecio, marcan límites a esas experiencias que pueden caer en su desintegración por sus mismas contradicciones internas y externas, marcadas por el desgaste y/o la imposición de las formas de producción capitalista.

Creemos que es un sueño sin bases, pensar que por sí mismos los procesos autonómicos (que en el caso de las y los trabajadores pueden tomar la forma de cooperativas u otras maneras) se expandan y acaben con el capitalismo.

El éxito de sus alcances y de que puedan influir en otras experiencias, depende de considerar su práctica en que contiene en sí mismas alcances determinados, limitados en tiempo y en espacio, y que su subsistencia depende de su integración a un proyecto más amplio de lucha por la liberación de la clase trabajadora, de los oprimidos y explotados en su conjunto. Su acta de defunción estará marcada en la medida en que sólo se consideren como proyectos cerrados, autonómicos por sí y para sí, sin tener en cuenta que son parte de todo un conjunto de la población que es víctima del sistema, como de por sí es la respuesta que se da a una parte de toda una política que aplica la clase dominante.

En este sentido nos parece que los zapatistas lo ubican bien al no levantar su experiencia como parte de una cuestión territorial, étnica únicamente, como si fueran una nación aislada que puede reclamar el vivir separado del conjunto de una nación o de un mundo que el capital se ha encargado de globalizar, en su idea de expansión de su modo de producción.

Aunque reconocemos que es todo un debate, lo que si nos queda claro es que esas experiencias conforman y pueden conformar la visión del mundo al que aspiramos en lo mejor que cada cual aporta hacia la desaparición de la explotación y de las clases.

 

Clase Obrera y Trabajadora, de la ciudad, el campo y el mar

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden -y, por su  situación social, deben- constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha.

“Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas.

“Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo”. (V.I.Lenin, Tres Fuentes y Tres Partes integrantes del marxismo)

A más de cien años de Marx, bajo el sistema capitalista, la contradicción principal de la lucha de clases sigue siendo la que se da entre la burguesía y el proletariado. Esa contradicción se resolverá en la medida en que el proletariado desarrolla su conciencia.

Por tanto que sigue siendo la clase obrera y trabajadora la única clase que está en posibilidades de dar fin de raíz a la existencia del actual sistema de explotación.

La construcción de esa conciencia, ideológica, teórica y práctica debe estar fincada en el estudio y aprendizaje crítico y creativo, de las experiencias que la clase ha desarrollado para acabar con los explotadores, tanto a nivel nacional como internacional. No creemos que el traslado mecánico de la teoría y su aplicación acrítica resuelvan los retos que tenemos.

Tampoco creemos que el vanguardismo y el seguidismo sean una opción para el desarrollo de la lucha de la clase como clase en sí y para sí.

Si creemos que tenemos la responsabilidad de contribuir con nuestro esfuerzo, grande o pequeño, para no repetir los errores que han derivado en sistemas que nosotros no reconocemos como socialistas, que no han erradicado la explotación y la opresión de una clase por otra, al contrario, han renovado sus formas. Pero si rescatamos la experiencia, la práctica política y organizativa y la resistencia de la clase, desde abajo, en esos sistemas.

Tampoco creemos en que las formas de organización que históricamente han servido a la clase para su desarrollo, deban ser traspoladas. Ella misma definirá en su momento la organización política que le sirva a su liberación y la de todos los demás oprimidos y explotados.

Vemos que el estado actual de la lucha de la clase obrera y trabajadora sigue siendo gremial, acotada a los límites que impone el sistema, y controlada por las dirigencias sindicales y los partidos del Estado.

No creemos que la vía de democratizar los sindicatos y la de recuperarlos sea una acción o una política que permita el desarrollo de la conciencia de clase y de su organización. Será sin embargo la decisión de cada grupo de trabajadores y/o obreros transitar por esta ruta, pero consideramos que con ello no se rompen las ataduras corporativas, políticas e ideológicas que mantienen el control de la clase.

Tendrá que ser, en nuestra opinión, otro camino que exprese el grado del desarrollo de la conciencia de clase y de su organización el que tenga que recorrerse, formas de organización y de lucha que emerjan de la base misma y que conlleven prácticas de discusión y de toma de decisiones más amplias y horizontales.

Hoy las luchas a las que obliga a la clase obrera y trabajadora el sistema como respuesta a sus políticas de despojo de los derechos laborales, de la disminución del salario y de las prestaciones, de las jubilaciones y pensiones, del desempleo y/o de los empleos inestables, frágiles, transitorios, son por lo regular inducidas por las dirigencias y los aparatos de Estado hacia la derrota y el desgaste, como ocurre con los trabajadores electricistas.

Por ello si nuestra solidaridad de clase a ellos, a los electricistas, a los mineros que siguen sosteniendo huelgas heroicas, a las y los maestros que exigen mejores condiciones laborales y un presupuesto justo para la educación, solidaridad que significa estar a su lado, apoyar desde abajo la convicción con la que se levantan a luchar, y al mismo tiempo denunciar a sus verdugos, a sus dirigencias espurias, a los políticos burgueses, a los límites y alcances de su esfuerzo, y que la clase sólo tendrá perspectivas de éxito como clase, si desarrolla su conciencia y su organización para destrozar el sistema, a enderezar su lucha unida a otras luchas por sus objetivos históricos, para alcanzar otro modo de vida mejor para todas y todos.

--Sector de Trabajador@s de La Otra Campaña, región centro